Ferrari Luce: Medio millón de euros y cero paciencia del público

Guillermo Moeller

5/8/20243 min read

Ferrari acaba de presentar el Luce, su primer vehículo totalmente eléctrico, y la conversación en el mundillo automotriz no fue precisamente un: "¡Wow, qué tremenda maravilla tecnológica!". No, señor. El sentimiento generalizado se pareció más a un balde de agua fría: “¿Seguro que esto es un Ferrari… o a los diseñadores se les pasó la mano con el mood futurista y minimalista?”.

Y es que el golpe de realidad empieza desde la cartera.

Un precio para vender hasta los riñones

El dato fuerte es que el Luce arranca en los 550,000 euros (que al tipo de cambio vienen siendo unos 640,000 dólares). Aquí ya no estamos hablando de un "carro caro". Estamos hablando de esa categoría de precios donde tienes que vender la casa, el terreno, un riñón, empeñar el alma y, de todos modos, todavía te va a faltar para pagar las placas y la tenencia.

La reacción de los mercados y de los puristas no se hizo esperar. Justo después del lanzamiento, las acciones de Ferrari cayeron alrededor de un 8% en la bolsa de Milán. Para rematar, el exjefe de la escudería, Luca di Montezemolo, no se guardó nada y básicamente declaró que este movimiento arriesga destruir el mito de Maranello, sugiriendo casi casi que deberían quitarle el Cavallino Rampante de la carrocería. ¡Ay papá!

Los números impresionan (porque lento no es)

A ver, haciendo honor a la verdad y hablando técnicamente, el carro no viene nada flojo. Los ingenieros de Ferrari le metieron toda la farmacia disponible:

  • Potencia: 1,035 caballos de fuerza (desatados por cuatro motores eléctricos).

  • Batería: Un gigantesco paquete de 122 kWh con arquitectura de 800 volts.

  • Aceleración: Un endemoniado 0 a 100 km/h en apenas 2.5 segundos.

  • Autonomía: 530 kilómetros bajo el ciclo WLTP.

O sea, lento no es; te va a mover las ideas y te va a pegar al asiento con el torque instantáneo cada vez que le pises. Pero los números de hoja técnica no son el problema aquí.

El verdadero problema es de identidad.

¿Emoción real o puro estatus de portafolio?

Ferrari siempre ha cobrado caro, eso lo sabemos todos. Pero antes, cada centavo que pagabas venía acompañado de un auténtico teatro mecánico: el rugido del motor, la vibración en la espalda, el olor a gasolina, el drama de los cambios y esa maravillosa sensación de estar cometiendo un pecado de combustión interna.

Ahora, el argumento de venta para desembolsar más de 600 mil billetes verdes es: “Te damos un silencio absoluto, muchas pantallas digitales, torque inmediato y, claro, el logo del caballo estrenando un diseño de Jony Ive”.

Y ahí es exactamente donde está el detalle incómodo. Porque si el fabricante te sale con el cuento de que "el futuro eléctrico es inevitable", la pregunta obligada es: ¿inevitable para quién? ¿Para el cliente tradicional de Ferrari que busca una experiencia visceral, o para una industria corporativa que necesita cumplir con normativas y justificar años de inversión en desarrollo eléctrico?

El veredicto de Alcorte News

La neta, Ferrari tiene tanto peso como marca que podría vender casi cualquier cosa si le estampa el Cavallino en el cofre. Pero esta vez, la cuestión no es si el Luce es capaz de romper récords en la pista. La pregunta de fondo es si un Ferrari eléctrico de 640,000 dólares es capaz de emocionarte las entrañas... o si nada más sirve para presumirle al mundo que tienes 640,000 dólares guardados en el banco.

Queremos leerlos en los comentarios, raza: ¿Ustedes qué dicen? ¿Ferrari tenía que dar este paso forzado para sobrevivir en la era moderna, o acaban de cruzar una línea roja que ni el mismísimo Cavallino debería de haber brincado? ¡Déjense caer!

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